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viernes, 16 de noviembre de 2018

Narrativa transmediática

No soy un experto en este tema. Lo quiero dejar claro desde un principio para evitar confusiones y malentendidos. El experto en este tema es mi colega Lynx (@lynxreviewer) y, aunque no es el tema principal que trata en sus canales de Youtube, sí que tiene vídeos de charlas que ha dado hablando de este tema. Además, es el tema de su PFG, así que sabe de lo que habla y le gusta. A mí… a mí me gusta hablar.

¿Y por qué he decidido hablar de este tema? ¿Y por qué uso palabrejas tan rebuscadas? La respuesta a la primera pregunta es: porque es muy interesante y está a la orden del día, aunque no la conozcáis como tal. La respuesta a la segunda es: porque las palabras molan y en nuestro idioma tenemos conceptos para definir prácticamente cualquier cosa. ¿Os suena prolepsis? ¿Y analepsis? Tenemos un idioma muy rico y variado, pero en nuestro devenir diario apenas usamos una cantidad ínfima de la tremenda panoplia de vocablos que se hallan a nuestra disposición. ¿Mi sugerencia? Llevamos con nosotros un dispositivo que nos da acceso a toda la información que se nos ocurra. La tecnología puede usarse para la belleza o el envilecimiento, así que os pido que la uséis para lo primero.

Pero vayamos por partes, como dijo el famoso Jack. ¿En qué consiste la narrativa transmediática? Pues básicamente es contar una historia a través de diferentes medios. Para ello hay una serie de requisitos que han de cumplirse obligatoriamente, ya que de lo contrario lo que tenemos es otra cosa. Puede ser un universo coherente donde se cuentan las historias de diversos protagonistas a través de distintos medios, como Star Wars,  pueden ser distintas versiones de los mismos personajes dependiendo del medio en el que aparezcan, como el universo cinematográfico de Marvel, sus distintas series de animación y sus comics o directamente aprovechar el tirón de una historia y empezar a sacar todo lo que se te ocurra para aprovechar ese tirón aunque la calidad no se acerque al original ni por accidente (de este no pongo ejemplo para no suscitar polémica).

Ahora que he dicho lo que no es, vamos a ver que es lo que sí es la narrativa transmediática.

• El caso ideal de este tipo de narrativa debe tratar sobre una sola y gran historia, donde cada una de las partes narradas en distintos medios debe estar autocontenida, es decir que sea una historia completa por derecho propio y no se deje el final abierto. Eso lo dejamos para los finales de temporadas de algunas series ¿Eh, Battlestar Galactica?
• No es imprescindible que las historias sigan un orden cronológico, pero deben contar partes de la historia principal y estar integradas dentro de ella.
• Puede ser cualquier tipo de medio de comunicación ya sea escrito, audiovisual o interactivo como libros, blogs, redes sociales, webs, podcast, videos de Youtube, series, películas, animación, videojuegos, comics, juegos de rol…
• Debe tener un núcleo central sobre el que se narre la historia principal. El público decidirá por sí mismo su grado de implicación en la historia consumiendo lo que les apetezca del resto de obras.
• Las distintas obras que componen la historia completa no tienen que ser necesariamente creadas por los mismos autores.

Con esto en mente, el ejemplo más famoso y el que casi todo el mundo utiliza es el de Matrix. Esta comenzó siendo una trilogía de películas creadas por los hermanos (ahora hermanas) Wachowski fruto de su admiración por el manga y el anime de Ghost in the Shell. La trilogía original cuenta la historia de Neo y su lucha por conocer la verdad que hay detrás de Matrix y por conocerse a sí mismo. Cuando finalmente averigua la aterradora verdad —que la humanidad es esclava de una raza de máquinas que les mantiene engañados y a su servicio, y que él es “El elegido” para liberar a la humanidad y mostrarle la verdad sobre Matrix— éste acepta su papel, pero con ciertas dudas sobre si realmente lo es. Después de descubrir que sí es “El elegido”, se inicia un proceso en el que Matrix pretende destruir la única ciudad de humanos libres, Zion. Acontecimientos posteriores revelan que ya hubo elegidos antes que Neo y que estos sirven a los propósitos de control de Matrix, hecho contra el que se rebela. Finalmente lucha contra un elemento inestable de Matrix que amenaza con destruirlo todo y se sacrifica para acabar con él, no sin antes llegar a un acuerdo con Matrix para que liberen a todos los humanos que lo deseen y llegar a una coexistencia pacífica.

 Mientras se rodaba y editaba la trilogía original se prepararon varios cortos de animación de distintos estilos que fueron publicados en su conjunto bajo el nombre de “Animatrix” entre la primera y la segunda parte. Algunos cortos tenían relación directa con la historia pasada y presente de Matrix y otros tenían una relación más tangencial. También entre la primera y segunda parte de la trilogía se encuentra el videojuego “Enter the Matrix”. En éste conectamos al principio directamente con la historia de uno de los cortos de “Animatrix” y durante el resto del juego vamos avanzando en paralelo con la historia de la segunda película de la trilogía. También hemos tenido comics, un videojuego tipo MMORPG y otro videojuego llamado “Matrix, the path of Neo”, donde se exploran partes del pasado y del futuro de la historia de Matrix.

Cada historia tomada individualmente tiene su propio sentido y su particular narrativa, pero si las juntas todas crean un mosaico en el que podemos seguir el hilo conductor de una historia mucho mayor acerca de la esclavitud de las máquinas, su alzamiento, la guerra contra la humanidad, la esclavitud de la humanidad y, finalmente, la convivencia y coexistencia pacífica. Esto es lo genial de contar una historia a través de la narrativa transmediática.

En cuanto a mí, me encantaría tener la oportunidad de embarcarme en un proyecto tan ambicioso. Lo creáis o no, el universo que he creado en torno a la novela de El Hexágono de Saturno es tan vasto y variado que puede admitir perfectamente la carga de varios proyectos narrativos interconectados y expresados en distintos medios. Solo en historias que tienen relación directa con la trama del primer libro tengo ideas para dos secuelas, una intercuela y dos precuelas. Y si cuela, cuela.

viernes, 2 de noviembre de 2018

El cine y la escritura

Todos tenemos influencias. Libros, cómics, música, cine, videojuegos, teatro, pintura, escultura… la lista puede ser tan larga como cada uno quiera. Todas las artes tienen algo en común: transmitir un mensaje a través de una narrativa. Algunas están más abiertas a la interpretación que otras, como la pintura abstracta, y otras pueden ser muy directas y simplistas, como el cine. La simplicidad o complejidad de una obra suele venir dada por la intención del autor, aunque se dan también casos en los que los espectadores aprecian significados alternativos y más profundos a obras realizadas sin esa intención inicial.

Lo que me gusta de la escritura es que tiene una narrativa tan interpretativa como un cuadro abstracto o el arte conceptual, pero lo puedes camuflar como una obra sencilla y con un mensaje claro y directo, haciendo que lo pueda disfrutar tanto un lector casual, que no suele pasar del mensaje superficial y apenas se lo lee una vez y no reflexiona sobre lo que ha leído, tanto como un lector veterano que sea capaz de ver más allá de las apariencias y llegue a disfrutar desgranando cada capa y siendo consciente del simbolismo oculto de la obra.

Sin embargo, a pesar de que el cine tenga una narrativa tan limitada y condensada, por eso no quiere decir que no pueda ser profundo y tener varios niveles narrativos. Lo que la escritura debe describir, el famoso “muestra, no cuentes”, el cine lo puede mostrar incluso sin palabras. Un montaje acertado hace que las imágenes que se muestran nos transmitan el mensaje. La frase “una imagen vale más que mil palabras” es completamente válida y certera, aunque también es fundamental que los creadores de esas imágenes, al rodarlas, montarlas y editarlas, se manejen con una habilidad tal que esas imágenes resuenen con el tema que se está tratando.

Por poner un ejemplo, imaginad un camino de tierra solitario, con campos de cultivos a cada lado. Un enorme turismo negro avanza por el camino. Cuando lo vemos notamos que es un modelo antiguo, de los años treinta o cuarenta. Levanta una gran cantidad de polvo debido a que la tierra del camino está seca. Pasamos al interior de la casa, donde una mujer está fregando los platos mientras desde la ventana que hay frente al fregadero se aprecia como el coche negro avanza por el camino de tierra. De la ventana cuelga un pequeño pendón rojo y blanco, con cuatro estrellas azules. Los colores de la bandera de Estados Unidos. La mujer, de algo más de cuarenta años, continua su tarea con esmero hasta que repara en que el coche se dirige hacia su granja, hacia su casa. El coche continúa avanzando a trompicones por el camino de tierra, ya muy cerca de la casa. La mujer baja un poco el visillo de la ventana para seguir con la mirada al coche y vuelve a dejarlo para encaminarse a la puerta y abrirla antes de que el coche llegue. Abre la contrapuerta visiblemente alterada y se para en el porche de la casa. El coche gira mientras se para y podemos ver una gran estrella blanca en la puerta del pasajero. De la puerta del pasajero se baja un hombre con uniforme de gala verde y de la parte trasera se baja un sacerdote. Al ver a estas personas, la mujer trastabilla unos pasos y termina por sentarse en el suelo al fallarle las piernas. El sacerdote y el militar se acercan y se agachan ante ella, tomándola el sacerdote de la mano.

Esta escena de Salvar al soldado Ryan no necesita diálogos ni a un narrador que nos diga lo que está pasando, sino que cuenta su historia a través de imágenes y la interpretación de sus actores… y no dura nada más que un minuto y cuarenta y siete segundos. Es precisamente eso lo que quiero aprovechar del cine en mi estilo de escritura. No es que diga que quiero ser cinematográfico, sino que cuando toque mostrar, las escenas que muestre tengan una narrativa con tanto impacto como ésta. Quiero que cuando leáis una de mis historias las imágenes acudan a vuestra mente.

Es evidente que, aparte de esta narrativa cinematográfica, el cine ha influido mucho en mí y en todas las generaciones que hemos vivido desde los últimos cien años. Sin embargo, lo último que quiero es abusar de ello y que se me peguen sus peores defectos. No quiero convertirme en el David Cage de la escritura o en el Kojima de las letras.

Sin embargo, la máxima es “muestra y no cuentes”, así que el truco está en cómo hacer para mostrar y no contar, pero a la vez sin que se nos vaya de las manos y quede algo muy recargado, lento y poco accesible. Yo lo cambiaría por “Cuenta cuando quieras que la trama avance y muestra cuando quieras profundizar”. Contar no es siempre malo y mostrar no es siempre bueno.

Al contar, en la mayoría de los casos, un narrador omnisciente y extradiegético detalla los sucesos importantes, las reacciones de los personajes y sus pensamientos superficiales. Esto hace que la historia avance con agilidad, ya que su objetivo es contar la historia principal, no pararse a comprobar los motivos personales de cada personaje ni las circunstancias que rodean cada detalle de la historia. Digamos que, al contar, vamos al grano.

Sin embargo, como en las relaciones amorosas, no todo consiste en ir al grano, porque si se abusa de ello, se corre el riesgo de ir demasiado deprisa y tratar de alcanzar el clímax cuando el lector no está aún preparado. Mostrando ciertas partes de la historia y de los personajes provocas un desarrollo más profundo y posibilitas que el lector empatice con los personajes, lo que a su vez crea una mayor tensión dramática cuando todo esté a punto de estallar, metafóricamente hablando. Si no has conectado con un personaje te va a dar igual lo que le pase.

En resumidas cuentas, el cine tiene un lenguaje propio y la literatura otro. Existen ciertos puntos en común que tanto uno como otro pueden aprovechar del contrario, pero es un error tratar de imitar al milímetro la narrativa de uno en el otro y un fracaso seguro el hacerlo. No entender esto es la razón principal de que muchos lectores empedernidos salgan del cine diciendo “Pues me gustó más el libro”.