lunes, 4 de febrero de 2019

Lugares ordinarios, momentos extraordinarios.

Islas Maldivas. Foto: Veo Verde


Siempre he sido un espectador. Me ha gustado más mirar que participar. No es de extrañar entonces mi afición por las formas de arte y entretenimiento que cuentan historias, como la literatura, el cine o las series de televisión. La única excepción a esta regla durante mucho tiempo fueron los videojuegos, ya que son interactivos, y desde hace ya más años de los que me gustaría admitir soy un gran fan de los juegos de rol. Esta evolución ha desembocado con el tiempo en mi gran pasión por escribir, lo que creo que ha sido positivo. Sin embargo, sigo teniendo esa tendencia a dar un paso atrás y contemplar las escenas de mi vida como si no fuera yo quien las viviera, siendo un espectador externo. Y lo que más me gusta contemplar son los lugares ordinarios en momentos extraordinarios.

Lugares que rebosan vida y movimiento, cuando permanecen quietos y callados poseen una cualidad melancólica que me produce fascinación. También hay lugares que no parecen nada fuera de lo común, pero vistos a ciertas horas y desde perspectivas poco comunes adquieren tintes extraordinarios, como si fueran lugares secretos donde ocurren maravillas que nadie es capaz de percibir.

Son los fuertes contrastes los que le dan a estos lugares su cualidad especial. Nadie se extraña de que un parque de atracciones esté a rebosar de gente, pero ese mismo parque de noche y sin un alma a la vista adquiere cualidades especiales, desde soledad a tristeza pasando por terror. Cualquier localización, bien enfocada, puede servir a los propósitos de un narrador imaginativo y mi autor favorito en estos temas es Neil Gaiman.

No me gusta caer en clichés, pero en esta ocasión voy a tirar del que se presume de conocer a un autor antes de que fuera mainstream. No digo que haya leído todas sus obras, pero he leído bastantes y prácticamente todo lo que ha publicado de Sandman, así que sí, lo llevo leyendo desde hace más de 20 años y se lo recomiendo a todo el mundo. Algunos podrán decir que Sandman no es una obra literaria, que es un cómic y, como tal, no debería considerarlo si de escribir se trata. A esas personas les invito a que se lean la colección principal y me cuenten después de leerla, porque me ha producido más momentos de terror, auténtico terror, fascinación y deleite que muchos libros.

Que en Stardust un sencillo muro separe la existencia del mundo real y del mundo mágico, que un desierto plagado de cristales verdes sea lo único que queda de un fabuloso reino en África o que una posada de infinitas habitaciones aparezca para dar cobijo a los viajeros accidentados cuando ocurren tormentas de realidades son solo tres ejemplos de lugares en apariencia ordinarios, un muro, un desierto y una posada, en los que ocurren sucesos extraordinarios.

En el caso de la novela que estoy escribiendo, El Hexágono de Saturno, no he usado lugares ordinarios concretos para convertirlos en extraordinarios. He usado el mundo entero ordinario y a través de una ucronía lo he convertido en una sociedad aparentemente utópica. Con esto se maximiza el componente extraordinario, pero al estar presente en todos los aspectos de la historia, se diluye y he de tenerlo muy presente para que a la hora de describir lugares, escenarios y localizaciones esto no se pierda.

El recurso más obvio siendo una novela de ciencia ficción es la tecnología. El nivel tecnológico y científico mostrado no es solo mucho más avanzado que en el mundo real, sino que el estilo Tesla-Punk le da un toque divergente tipo “científico loco” que, pese a todo, tiene razón en sus propuestas. La más loca y divertida es la que llamo “armonización cuántica”, una evolución del entrelazamiento cuántico que permite replicar las propiedades de un elemento concreto (temperatura, velocidad, energía…) en otra porción de ese mismo elemento sin importar las distancias. Toda una locura.

Otro recuso sencillo y resultón es crear obvias diferencias sobre hechos o personajes históricos reales. Un ejemplo que aún no tengo claro si usar o no es Hitler. En la novela, el mundo libró su última guerra en 1914 y desde entonces la humanidad al completo empezó a disfrutar de paz, prosperidad y plenitud. En esta realidad, las aspiraciones de juventud de Adolf Hitler de convertirse en un pintor son colmadas y para el año 1960, año en que los hechos de la novela suceden, Hitler es un pintor famoso del estilo de Andy Warhol, muy pop y amante de los Beatles y la cultura hindú, de donde por cierto el nazismo se apropió de la esvástica y que el Hitler artista ha usado como firma, aunque invertida.

       Un tercer recuso menos obvio pero muy inmersivo para lectores motivados es desarrollar palabras nuevas para conceptos ya existentes. Por esa regla, cualquier artefacto creado desde el punto Jombar (el momento histórico que cambia respecto de la historia original y que da lugar a esta realidad alternativa) debe tener un nombre alternativo: máquina computacional (MC) en lugar de ordenador o PC, aerorotor en lugar de helicóptero, aeroscafo en lugar de avión o MCphone en lugar de smartphone.

Todas estas son formas de mantener la suspensión de la incredulidad, ese pacto ficcional que autor y lector acuerdan para que la historia fluya. Porque las historias extraordinarias no necesitan de lugares extraordinarios, solo de buenos escritores.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Conoce a tus héroes... bajo tu propia responsabilidad

Nunca conozcas a tus héroes. Esa es la frase original. Y era muy buen consejo hasta no hace demasiado tiempo, hasta la irrupción masiva de las redes sociales. En ese momento todo petó como palomita en microondas y todo el que tuviera acceso a la red, antes o después, empezó a compartir partes de su vida.

Y no es que antes no se pudiera. Los chats han venido existiendo desde hace décadas y en ellos perfectos desconocidos compartían conversaciones de cualquier índole, aunque el anonimato y lo efímero de la experiencia hacía (y todavía hace) que muchas de aquellas esporádicas conversaciones derivaran hacia el sexo de forma invariable.

A diferencia de los chats, en las redes sociales todos quieren que todo el mundo los conozca tal y como son o, mejor dicho, tal y como quieren aparentar ser. Lo que ocurre es que como en el dicho “puedes engañar a pocas personas mucho tiempo y a muchas personas poco tiempo, pero no a todo el mundo todo el tiempo”, en cuantas más redes sociales tenga uno presencia, más difícil va a ser que perdure el postureo.

De las palabras se pasó a las imágenes, de las imágenes a los audios y vídeos editados y por último al streaming en tiempo real. Con cada paso que hemos dado no hemos ido desprendiendo de más y más trocitos de esa máscara que llevábamos para mostrar nuestra mejor versión de nosotros mismos hasta que llega un momento en el que terminamos apareciendo como realmente somos, siempre y cuando no adoptemos una actitud performática, pero esa es una reflexión que trataremos otro día.

El punto de esta reflexión es que ya apenas existen esos personajes endiosados y ajenos a la realidad cuyas palabras y reflexiones admiramos, pero a los que realmente no conocemos en persona. Antes de las redes sociales podíamos admirar a algún personaje publico por sus obras y llegar a detestarlo si en algún momento se diera la ocasión de conocerlo en persona, de ahí la razón del dicho original. Ahora es más probable que admires y sigas a alguien que tiene mucha presencia en diversas redes sociales por lo que el proverbio tiene que evolucionar.

¿Y todo esto a qué viene? Pues viene a que ayer por la tarde fui a la presentación del último libro de Ana González Duque en la librería Gigamesh, en Barcelona y allí tuve la oportunidad de conocerla en persona después de la presentación.



El libro se titula La sociedad de la libélula y Ana lo engloba dentro de la categoría de fantasía juvenil. No hay que confundirlo con la fantasía adolescente, que tanto satura los corazones y las mentes en estos últimos tiempos, ojo cuidado. Para Ana, la fantasía juvenil es más una de tratar los mismo temas profundos y trascendentes que la fantasía adulta, pero suavizando los aspectos mas escabrosos, como la violencia excesiva o el sexo explícito (luego voy y me entero de que el libro incluye una escena de sexo entre especies, pero es fantasía, así que démosle un voto de confianza. La leyenda de Huma o la historia de Silvara en la saga de libros de la Dragonlance implican relaciones personales entre humanos y dragones y nadie se escandalizó).

La historia mezcla de forma muy creativa fantasía y ciencia ficción, siendo ésta la historia de una joven autora, Isabel Nión, que decide probar suerte y aprovechar que La sociedad de la libélula, la mayor editorial de fantasía del país, abre sus puertas a nuevos autores. La parte de ciencia ficción viene cuando el editor jefe de la sociedad y principal antagonista, Melchor Malatar, usa un aparato para trasladar a Isabel a un mundo de fantasía para que viva en primera persona esas historias que la editorial convertirá en bestsellers mundiales. Un mundo, Anisóptera, que mezcla razas fantásticas con libélulas radiactivas y rituales que implican la aceleración de partículas nucleares.

Una premisa tan original hace que me entren unas ganas tremendas de leerlo y reseñarlo. Y eso es precisamente lo que haré… en cuanto mi maltrecha economía me lo permita o encuentre un curro mejor (TˡT). Pero cambiemos de tema a algo más alegre y animado, como la reflexión que hacía al principio de este post.

Cualquiera que se interese por el trabajo literario de Ana, lo que recomiendo fervorosamente, verá en seguida que aparte de escribir ficción y tener un blog donde habla sobre temas relacionados, también escribe no ficción. En una autoridad en el campo del marketing online para escritores, donde publica consejos en su blog, nos guía con sus podcasts y nos enseña con sus vídeos. Su libro acerca del tema, el escritor emprendedor, es otro de los que en breve (TˡT) se convertirá en uno de mis imprescindibles.



Y es que, teniendo tanta presencia en redes sociales, o te muestras tal y como eres de forma natural, o terminas dando un paso en falso y delatando que eres un poser. Por suerte para mí y para todos, Ana González Duque es de las primeras y, además, trata a todo el mundo con simpatía y respeto, lo que ha terminado de ganarme. Podéis contarme oficialmente entre sus fans. Por cierto, ¿tiene nombre tu grupo de fans, Ana? Porque tienes grupo de fans, ¿verdad? ¿Los Aners? Suena un poco raro ¿Los Molpers? Ese me gusta más. Ya me enteraré.

En conclusión, haceros un favor tanto si sois escritores, como si queréis serlo algún día, como si solo os gusta la fantasía juvenil o la comedia romántica, de leer la obra de Ana González Duque porque si antes, cuando era anestesista, te hacía dormir, ahora que es escritora te hace soñar.

viernes, 23 de noviembre de 2018

La flecha del tiempo apunta a la destrucción

Sé que al decir esto voy a estar dando pistas muy claras de mi edad, hecho que para mí mismo no tiene relevancia alguna (aunque para mi médico sí…), pero que quizá resulte en rechazo por parte de algunos lectores debido a la diferencia de edad… aunque en una entrada anterior, donde hablo del porqué me gusta la ciencia ficción, ya doy bastantes pistas de por dónde van los tiros, así que dejaré de divagar y voy a ir al grano.
Yo crecí durante mi infancia sin un aparato de vídeo VHS. *Pausa dramática*
Esto… bueno, ahora que lo pienso, un número importante de personas que habitan este mundo tampoco se han criado con este aparato, pero porque ya estaba desfasado. Sin embargo, si vais a una tienda de compra y venta de artículos usados, es muy probable que encontréis alguno todavía funcionando. Os estaréis preguntando a santo de qué viene este viaje por el país de los recuerdos y tenéis toda la razón. El punto de este hilo de pensamiento es que, antes de tener un vídeo VHS (o Beta, o 2000 para los que llegaron a tenerlos), no había más que una manera de ver lo que salía por la tele: hacia delante y a velocidad normal.
¡Vale!¡Vale! No os vayáis, que estoy a punto de ir al grano. Lo que quiero decir con esto es que, hasta la llegada de un aparato que nos permitiera controlar la reproducción de lo que se estaba visionando, solo pudimos ver rebobinados y avances acelerados en series y películas que así lo quisiesen. Sin embargo, al poder alquilar, comprar o grabar las películas, teníamos la capacidad de hacer que el tiempo retrocediera o avanzase. Rápido, lento e incluso congelar la acción todo el tiempo que quisiésemos.
Pensad ahora en una película donde hay un montón de cristales esparcidos por el suelo. En un momento dado, los cristales empiezan a unirse y a elevarse en el aire. Se siguen uniendo y elevando hasta que forman un jarrón que se coloca perfectamente en una mesa que acaba de aparecer. Cualquiera que esté familiarizado con la reproducción de vídeo supondrá que el vídeo está rebobinando y que el tiempo va hacia atrás. Pero ¿Qué significa que el tiempo vaya en una dirección o en otra? ¿Y cómo sabemos nosotros cuál es la dirección correcta? ¿Hacia dónde apunta la flecha del tiempo?
La flecha del tiempo apunta a la destrucción. Dicho en otras palabras, cualquier sistema ordenado tiende al caos. Es muy poco probable, aunque no imposible, que algo como lo que he descrito antes llegue a suceder alguna vez, así que lo que el universo nos tiene acostumbrado a ver es como todo se consume y muere: la madera se quema y se deshace en cenizas en una chimenea, las bombas estallan y desmenuzan toneladas de rocas en una cantera a cielo abierto, el agua viaja de una cota superior a otra inferior moviendo un molino a su paso y un ser vivo muere y se pudre.
Pero ¿Cuál es la razón de esa destrucción? ¿Por qué el caos termina ganando la partida?
La razón es la entropía. Es la que define el sentido de la flecha del tiempo y hasta que ésta no alcance su máximo, cualquier sistema que posea algún tipo de orden será susceptible de desordenarse para aumentar su entropía. De hecho, una entropía total implica un caos total, en el sentido del desorden. Cualquier intento de revertir el caos resultante en un nuevo estado ordenado será del todo ineficaz debido a que la energía consumida para rehacer un sistema ordenado será siempre mayor que la que produjo al destruirse. Un ejemplo típico es el de la noria de agua.
Imaginemos que tenemos un circuito de agua que va desde una zona superior hasta otra inferior. En la parte inferior tenemos una rueda con palas que el agua mueve al desplazarse de arriba abajo. Esta rueda conecta con una dinamo que genera electricidad y esta electricidad mueve una bomba de agua que toma el agua que ya ha caído y la vuelve a subir a la parte superior para que recorra el circuito de nuevo. Alguien que nunca hubiera oído hablar de la entropía podría llegar a creer con este planteamiento que se puede construir una máquina de movimiento perpetuo, pero nada más lejos de la realidad.
Lo que sucede es que el sistema se para después de funcionar un tiempo. El rozamiento del agua contra las paredes de la canalización, el de el agua con el molino, el molino con la dinamo, la dinamo con el motor de la bomba de agua y el agua con la bomba y la canalización de subida hacen que se pierda energía. Y estos son sólo los más intuitivos. Hay muchas más variables muy sutiles que contribuyen a la ineficiencia energética y que hacen que se pierda una enorme cantidad de energía, aumentando la entropía. Un famoso ejemplo histórico es el de los primeros motores de vapor, que aprovechaban la friolera de un 2% del total de energía invertida en producir trabajo eficaz. El resto, el 98%, se disipaba en rozamiento y calor.
La eficiencia energética de nuestros motores y de nuestra tecnología ha aumentado considerablemente desde los primeros trabajos de Sadi Carnot, hace ya más de doscientos años, pero por mucho que aprovechemos la energía, la entropía no dejará de aumentar en el universo y la dirección del tiempo apuntará firmemente hacia el futuro.
Esto último que acabo de decir puede parecer conformista y deprimente, pero es una de las características fundamentales que rigen nuestra existencia. ¿Os imagináis un mundo donde la consecuencia pudiera preceder a la causa de forma aleatoria? ¿Que del polvo y las cenizas surgiera un esqueleto, más tarde un cadáver putrefacto y a continuación un hombre muy viejo que rejuvenece con el tiempo, a lo Benjamin Button? Esto haría imposible saber si vamos o venimos, debido a que lo que señala que el tiempo avanza se desdibuja como si se borraran las marcas de la regla que usamos.
Y un mundo donde no sabes si va o si vienes, si vives o si mueres, puede ser una historia interesante de contar. Incluso un invento que detiene localmente la entropía puede tener mucho potencial para una historia de ciencia ficción, pero yo prefiero vivir en un mundo en el que sé lo que tengo que esperar cuando me siento a la mesa.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Narrativa transmediática

No soy un experto en este tema. Lo quiero dejar claro desde un principio para evitar confusiones y malentendidos. El experto en este tema es mi colega Lynx (@lynxreviewer) y, aunque no es el tema principal que trata en sus canales de Youtube, sí que tiene vídeos de charlas que ha dado hablando de este tema. Además, es el tema de su PFG, así que sabe de lo que habla y le gusta. A mí… a mí me gusta hablar.

¿Y por qué he decidido hablar de este tema? ¿Y por qué uso palabrejas tan rebuscadas? La respuesta a la primera pregunta es: porque es muy interesante y está a la orden del día, aunque no la conozcáis como tal. La respuesta a la segunda es: porque las palabras molan y en nuestro idioma tenemos conceptos para definir prácticamente cualquier cosa. ¿Os suena prolepsis? ¿Y analepsis? Tenemos un idioma muy rico y variado, pero en nuestro devenir diario apenas usamos una cantidad ínfima de la tremenda panoplia de vocablos que se hallan a nuestra disposición. ¿Mi sugerencia? Llevamos con nosotros un dispositivo que nos da acceso a toda la información que se nos ocurra. La tecnología puede usarse para la belleza o el envilecimiento, así que os pido que la uséis para lo primero.

Pero vayamos por partes, como dijo el famoso Jack. ¿En qué consiste la narrativa transmediática? Pues básicamente es contar una historia a través de diferentes medios. Para ello hay una serie de requisitos que han de cumplirse obligatoriamente, ya que de lo contrario lo que tenemos es otra cosa. Puede ser un universo coherente donde se cuentan las historias de diversos protagonistas a través de distintos medios, como Star Wars,  pueden ser distintas versiones de los mismos personajes dependiendo del medio en el que aparezcan, como el universo cinematográfico de Marvel, sus distintas series de animación y sus comics o directamente aprovechar el tirón de una historia y empezar a sacar todo lo que se te ocurra para aprovechar ese tirón aunque la calidad no se acerque al original ni por accidente (de este no pongo ejemplo para no suscitar polémica).

Ahora que he dicho lo que no es, vamos a ver que es lo que sí es la narrativa transmediática.

El caso ideal de este tipo de narrativa debe tratar sobre una sola y gran historia, donde cada una de las partes narradas en distintos medios debe estar autocontenida, es decir que sea una historia completa por derecho propio y no se deje el final abierto. Eso lo dejamos para los finales de temporadas de algunas series ¿Eh, Battlestar Galactica?
No es imprescindible que las historias sigan un orden cronológico, pero deben contar partes de la historia principal y estar integradas dentro de ella.
Puede ser cualquier tipo de medio de comunicación ya sea escrito, audiovisual o interactivo como libros, blogs, redes sociales, webs, podcast, videos de Youtube, series, películas, animación, videojuegos, comics, juegos de rol…
Debe tener un núcleo central sobre el que se narre la historia principal. El público decidirá por sí mismo su grado de implicación en la historia consumiendo lo que les apetezca del resto de obras.
Las distintas obras que componen la historia completa no tienen que ser necesariamente creadas por los mismos autores.

Con esto en mente, el ejemplo más famoso y el que casi todo el mundo utiliza es el de Matrix. Esta comenzó siendo una trilogía de películas creadas por los hermanos (ahora hermanas) Wachowski fruto de su admiración por el manga y el anime de Ghost in the Shell. La trilogía original cuenta la historia de Neo y su lucha por conocer la verdad que hay detrás de Matrix y por conocerse a sí mismo. Cuando finalmente averigua la aterradora verdad —que la humanidad es esclava de una raza de máquinas que les mantiene engañados y a su servicio, y que él es “El elegido” para liberar a la humanidad y mostrarle la verdad sobre Matrix— éste acepta su papel, pero con ciertas dudas sobre si realmente lo es. Después de descubrir que sí es “El elegido”, se inicia un proceso en el que Matrix pretende destruir la única ciudad de humanos libres, Zion. Acontecimientos posteriores revelan que ya hubo elegidos antes que Neo y que estos sirven a los propósitos de control de Matrix, hecho contra el que se rebela. Finalmente lucha contra un elemento inestable de Matrix que amenaza con destruirlo todo y se sacrifica para acabar con él, no sin antes llegar a un acuerdo con Matrix para que liberen a todos los humanos que lo deseen y llegar a una coexistencia pacífica.

 Mientras se rodaba y editaba la trilogía original se prepararon varios cortos de animación de distintos estilos que fueron publicados en su conjunto bajo el nombre de “Animatrix” entre la primera y la segunda parte. Algunos cortos tenían relación directa con la historia pasada y presente de Matrix y otros tenían una relación más tangencial. También entre la primera y segunda parte de la trilogía se encuentra el videojuego “Enter the Matrix”. En éste conectamos al principio directamente con la historia de uno de los cortos de “Animatrix” y durante el resto del juego vamos avanzando en paralelo con la historia de la segunda película de la trilogía. También hemos tenido comics, un videojuego tipo MMORPG y otro videojuego llamado “Matrix, the path of Neo”, donde se exploran partes del pasado y del futuro de la historia de Matrix.

Cada historia tomada individualmente tiene su propio sentido y su particular narrativa, pero si las juntas todas crean un mosaico en el que podemos seguir el hilo conductor de una historia mucho mayor acerca de la esclavitud de las máquinas, su alzamiento, la guerra contra la humanidad, la esclavitud de la humanidad y, finalmente, la convivencia y coexistencia pacífica. Esto es lo genial de contar una historia a través de la narrativa transmediática.

En cuanto a mí, me encantaría tener la oportunidad de embarcarme en un proyecto tan ambicioso. Lo creáis o no, el universo que he creado en torno a la novela de El Hexágono de Saturno es tan vasto y variado que puede admitir perfectamente la carga de varios proyectos narrativos interconectados y expresados en distintos medios. Solo en historias que tienen relación directa con la trama del primer libro tengo ideas para dos secuelas, una intercuela y dos precuelas. Y si cuela, cuela.

viernes, 9 de noviembre de 2018

El mundo de las ideas

En la mitología griega existían siete criaturas inmortales, siete musas, que otorgaban inspiración a los mortales para que crearan el más bello arte. Se decía que, si un artista seducía a una de las hermanas, ella te otorgaría temporalmente una fuerza creativa inmensa. A pesar de que sea una idea muy romántica, el hecho de ligarme a Calíope, Euterpe o Melpómene para saber escribir, cantar o recitar me parece una idea horrible que le quita todo el mérito al ser humano. Yo puedo acceder al mundo de las ideas cuando quiera.

Tener ideas o inspiración no es demasiado difícil. Yo tengo una teoría según la cual, por muy simple o sencilla que te parezca una persona o una situación, siempre hay una historia interesante detrás y solo tienes que adentrarte lo suficiente. Lo llamo “La teoría de las historias fractales”.

¿Cuántas veces habéis subestimado una persona y más adelante esa persona os ha sorprendido de una forma que no os esperabais? ¿O una situación común ha pasado a ser extraordinaria en segundos? En el cine pasa mucho, aunque casi siempre se les ve venir desde lejos. En el rol pasa también muy a menudo, pero allí la causa habitual es que el jugador se cansa de interpretar a su personaje y empieza a actuar como sí mismo.

Pero entonces, ¿cuál es el secreto para desentrañar una buena historia?

Como ya he contado anteriormente, en mi caso fue el descubrimiento del Hexágono de Saturno por la sonda Cassini. Cuando conocí la noticia mi mente estalló debido a lo asombroso que me parecía que un planeta gigante, compuesto de gas en su mayor parte, tuviera una tormenta con forma de hexágono regular. Cuando piensas en una tormenta, lo primero a lo que se la asocia es al caos. Es cierto que existen ciertos fenómenos meteorológicos que siguen patrones circulares definidos, pero ni son regulares, ni duran en el tiempo más allá minutos, horas o días. Aquí estamos hablando de un fenómeno que ha durado décadas como mínimo, ya que hay ciertas imágenes de las sondas Voyager en las que se adivina el hexágono de forma parcial y borrosa, y que probablemente lleve existiendo miles de años.

Un fenómeno a así es el candidato perfecto para comenzar a perfilar la historia, pero es solo la llave que te permite acceder al laberinto. En mi caso, cada paso que daba desembocaba en una habitación con una o más puertas colocadas de forma evidente y otras ocultas a la vista. Fue todo un reto averiguar cual era el camino correcto más allá del evidente que todo el mundo usaba.

Las ideas van y vienen y el escritor debe estar preparado para cuando vienen las buenas para aprovecharlas, pero no usarlas de forma burda y poco original. En mi caso y en ese punto del desarrollo de la historia fue Tesla. Os garantizo que cuando se me ocurrió añadir a Tesla a la mezcla no estaba tan de moda, pero fue ocurrírseme y aparecer en libros, películas, videojuegos, documentales y hasta en la sopa. La verdad es que estuve a punto de abandonar la idea, pero en ese momento la ucronía llegó a mi vida y el mundo estalló en un mar de posibilidades.

En vez de usar a Tesla como protagonista o personaje importante, al menos, me hice una pregunta: ¿Si Tesla fue un genio tan grande, porqué murió pobre y sin el merecido reconocimiento? La respuesta que deduje al estudiar su personalidad y el mundo en el que vivió fue que era un incomprendido. Si bien era un genio que no necesitaba diseñar en papel sus inventos, era completamente inepto en cuanto a relaciones sociales y transmitir esa importancia a compradores e inversores. El siguiente paso era lógico: introducir una figura que comprendiera la importancia de sus inventos y fuera capaz de vender y convencer a cualquiera.

Aquí había algo, sin duda. Sin embargo, no podía ser cualquiera ya que precisamente esa ineptitud social era el mayor obstáculo. Después de mucho meditarlo, encontré mi “punto Jonbar” en torno a la mejor figura que se me ocurrió para tal finalidad: un hermano gemelo. Este gemelo, a pesar de compartir la misma carga genética, sería el opuesto complementario de Nikola Tesla. Si uno es un genio científico sin talento para las relaciones sociales, el otro era un genio emocional sin talento para el mundo científico por lo que ambos se complementan muy bien. El último toque consistió en aprovechar ese vínculo que los hermanos gemelos parecen compartir, no solo para hacer que ambos estén unidos toda la vida sino también justificándolo de forma física con el fenómeno del entrelazamiento cuántico, propiedad que sería investigada y aprovechada por Nikola Tesla para dar un salto gigante en la revolución tecnológica que ambos hermanos llevaron a cabo en esta realidad alternativa.

Y todo esto que he descrito lo he hecho en pasado porque en el momento de empezar la novela, los gemelos llevan muertos diecisiete años. En vez de usar una idea como tantos otros, le he dado una vuelta de tuerca, he cogido otra tuerca para hacer más fuerza y he terminado por crear un mundo distópico de estética Teslapunk, donde la energía es tan abundante que nadie tiene que pasar hambre o no tener trabajo. Un mundo donde las máquinas son enormes al no tener necesidad de miniaturizarlas para reducir su peso. Un mundo con tecnologías avanzadas que nosotros solo podemos soñar. El mundo del mañana en el año 1960.

El mundo de las ideas es caótico y caleidoscópico. No hay que tener miedo a la hora de innovar y dejarte llevar. Hay temas universales que funcionan y, de hecho, prácticamente todas las historias se pueden enmarcar en un par de docenas de estos temas universales, pero eso no quiere decir que no se puedan contar bajo un nuevo enfoque original. Tanto si vais a seguir el camino conocido como si vais a explorar nuevas vías para contar historias, por favor sed honestos con vuestro público y con vosotros mismos. En cuanto a mí, seguiré por el que dicen  que es el camino más difícil, el camino intermedio.

viernes, 2 de noviembre de 2018

El cine y la escritura

Todos tenemos influencias. Libros, cómics, música, cine, videojuegos, teatro, pintura, escultura… la lista puede ser tan larga como cada uno quiera. Todas las artes tienen algo en común: transmitir un mensaje a través de una narrativa. Algunas están más abiertas a la interpretación que otras, como la pintura abstracta, y otras pueden ser muy directas y simplistas, como el cine. La simplicidad o complejidad de una obra suele venir dada por la intención del autor, aunque se dan también casos en los que los espectadores aprecian significados alternativos y más profundos a obras realizadas sin esa intención inicial.

Lo que me gusta de la escritura es que tiene una narrativa tan interpretativa como un cuadro abstracto o el arte conceptual, pero lo puedes camuflar como una obra sencilla y con un mensaje claro y directo, haciendo que lo pueda disfrutar tanto un lector casual, que no suele pasar del mensaje superficial y apenas se lo lee una vez y no reflexiona sobre lo que ha leído, tanto como un lector veterano que sea capaz de ver más allá de las apariencias y llegue a disfrutar desgranando cada capa y siendo consciente del simbolismo oculto de la obra.

Sin embargo, a pesar de que el cine tenga una narrativa tan limitada y condensada, por eso no quiere decir que no pueda ser profundo y tener varios niveles narrativos. Lo que la escritura debe describir, el famoso “muestra, no cuentes”, el cine lo puede mostrar incluso sin palabras. Un montaje acertado hace que las imágenes que se muestran nos transmitan el mensaje. La frase “una imagen vale más que mil palabras” es completamente válida y certera, aunque también es fundamental que los creadores de esas imágenes, al rodarlas, montarlas y editarlas, se manejen con una habilidad tal que esas imágenes resuenen con el tema que se está tratando.

Por poner un ejemplo, imaginad un camino de tierra solitario, con campos de cultivos a cada lado. Un enorme turismo negro avanza por el camino. Cuando lo vemos notamos que es un modelo antiguo, de los años treinta o cuarenta. Levanta una gran cantidad de polvo debido a que la tierra del camino está seca. Pasamos al interior de la casa, donde una mujer está fregando los platos mientras desde la ventana que hay frente al fregadero se aprecia como el coche negro avanza por el camino de tierra. De la ventana cuelga un pequeño pendón rojo y blanco, con cuatro estrellas azules. Los colores de la bandera de Estados Unidos. La mujer, de algo más de cuarenta años, continua su tarea con esmero hasta que repara en que el coche se dirige hacia su granja, hacia su casa. El coche continúa avanzando a trompicones por el camino de tierra, ya muy cerca de la casa. La mujer baja un poco el visillo de la ventana para seguir con la mirada al coche y vuelve a dejarlo para encaminarse a la puerta y abrirla antes de que el coche llegue. Abre la contrapuerta visiblemente alterada y se para en el porche de la casa. El coche gira mientras se para y podemos ver una gran estrella blanca en la puerta del pasajero. De la puerta del pasajero se baja un hombre con uniforme de gala verde y de la parte trasera se baja un sacerdote. Al ver a estas personas, la mujer trastabilla unos pasos y termina por sentarse en el suelo al fallarle las piernas. El sacerdote y el militar se acercan y se agachan ante ella, tomándola el sacerdote de la mano.

Esta escena de Salvar al soldado Ryan no necesita diálogos ni a un narrador que nos diga lo que está pasando, sino que cuenta su historia a través de imágenes y la interpretación de sus actores… y no dura nada más que un minuto y cuarenta y siete segundos. Es precisamente eso lo que quiero aprovechar del cine en mi estilo de escritura. No es que diga que quiero ser cinematográfico, sino que cuando toque mostrar, las escenas que muestre tengan una narrativa con tanto impacto como ésta. Quiero que cuando leáis una de mis historias las imágenes acudan a vuestra mente.

Es evidente que, aparte de esta narrativa cinematográfica, el cine ha influido mucho en mí y en todas las generaciones que hemos vivido desde los últimos cien años. Sin embargo, lo último que quiero es abusar de ello y que se me peguen sus peores defectos. No quiero convertirme en el David Cage de la escritura o en el Kojima de las letras.

Sin embargo, la máxima es “muestra y no cuentes”, así que el truco está en cómo hacer para mostrar y no contar, pero a la vez sin que se nos vaya de las manos y quede algo muy recargado, lento y poco accesible. Yo lo cambiaría por “Cuenta cuando quieras que la trama avance y muestra cuando quieras profundizar”. Contar no es siempre malo y mostrar no es siempre bueno.

Al contar, en la mayoría de los casos, un narrador omnisciente y extradiegético detalla los sucesos importantes, las reacciones de los personajes y sus pensamientos superficiales. Esto hace que la historia avance con agilidad, ya que su objetivo es contar la historia principal, no pararse a comprobar los motivos personales de cada personaje ni las circunstancias que rodean cada detalle de la historia. Digamos que, al contar, vamos al grano.

Sin embargo, como en las relaciones amorosas, no todo consiste en ir al grano, porque si se abusa de ello, se corre el riesgo de ir demasiado deprisa y tratar de alcanzar el clímax cuando el lector no está aún preparado. Mostrando ciertas partes de la historia y de los personajes provocas un desarrollo más profundo y posibilitas que el lector empatice con los personajes, lo que a su vez crea una mayor tensión dramática cuando todo esté a punto de estallar, metafóricamente hablando. Si no has conectado con un personaje te va a dar igual lo que le pase.

En resumidas cuentas, el cine tiene un lenguaje propio y la literatura otro. Existen ciertos puntos en común que tanto uno como otro pueden aprovechar del contrario, pero es un error tratar de imitar al milímetro la narrativa de uno en el otro y un fracaso seguro el hacerlo. No entender esto es la razón principal de que muchos lectores empedernidos salgan del cine diciendo “Pues me gustó más el libro”.

viernes, 26 de octubre de 2018

¿Escribir o no escribir?

Esta mañana no me apetecía nada escribir. Decidí abrir este blog no solo por la oportunidad de escribir con regularidad o contactar con lectores que les guste mi estilo y lo que escribo, también me decidí para aprovechar el tiempo. Llevo ya unos meses viviendo a una hora y media de mi trabajo, lo que supone, entre otras cosas, una hora de tren de ida y otra de vuelta. Son esas dos horas diarias las que, hasta ahora, pasaba viendo series y películas en el móvil o leyendo libros, y ahora aprovecho para escribir estos artículos. Pues esta mañana, no tenía ganas ningunas de escribir. Pero lo bueno es que me ha dado un tema sobre lo de escribir, así que… todo bien, ¿no?

Si le preguntas a cualquier escritor, profesional o amateur, cuál es el secreto para aprender a escribir, la gran mayoría te responderá que escribir mucho. Parece una tautología sin sentido, pero aquí hay encerrada una verdad mayor de la que pudiera apreciarse en un primer momento. Desde siempre he comprobado que por muy buenas que fueran las explicaciones que me dieran, hasta que no hacia algo por mí mismo no aprendía realmente a hacerlo. Y además surgían nuevas dudas sobre cosas que nadie me había explicado, lo que enredaba aún más las primeras explicaciones, pero me estoy desviando del tema.

Por muy buena voz que tengas, si no cantas todos los días no vas a pasar de alguien al que se le dan bien los karaokes. Por muy inteligente que seas, si no estudias y desarrollas esa inteligencia, nunca pasarás de ser el que gana siempre al trivial. Por muy bien que se te de contar historias, si no escribes todos los días no pasarás de ser el que mejor cuenta anécdotas o chistes entre los amigos. Es la practica diaria exhaustiva y analítica la que te hace mejorar y expandir los límites de tu talento lo máximo posible.

Decía Edison (o al menos se le atribuye a él, como unas cuantas cosas de la que empiezan a haber serias dudas) que “el genio es un uno porciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración”, y estoy completamente de acuerdo con la frase. La memoria muscular solo se llega a desarrollar después de interminables horas de ejercicio y entrenamiento y escribir, al fin y al cabo, es una actividad muscular más. Se necesita un poco de talento (no hace falta que sea mucho si se cumplen el resto de los requisitos), mucha disciplina y constancia y, además, una tremenda cantidad de horas dándole a la tecla incansablemente.

En mi experiencia personal, siempre he sido creativo y he tenido ganas de contar historias, pero hasta hace poco tenía una válvula de escape en el rol. Jugar y, sobre todo, narrar partidas de rol ha sido mi forma de contar historias. Si no lo hubiera hecho es probable que hubiera empezado a escribir mucho antes, lo que puede verse como algo negativo, pero tantos años de rol han hecho posible que desarrolle mi propio estilo narrativo, lo que es algo positivo sin duda. Y de camino he vivido algunos de los mejores momentos de mi vida. La mayoría de esos momentos han sido hilarantes, pero también los ha habido intensos, apasionados, eufóricos, patéticos y majestuosos. Toda una panoplia de experiencias.

Hace ya mucho tiempo que me vino a la cabeza la historia del Hexágono de Saturno, pero no fue hasta que tuve tiempo libre (estando en el paro) y ninguna opción de jugar al rol (por haberme mudado a Barcelona) cuando me centré en desatascar la historia. Y funcionó.

Mi yo de 2009 no fue capaz de encontrar una buena historia con el Hexágono como eje central. Mis primeras ideas, influidas por El código Da Vinci, giraban en torno a una sociedad secreta que conocía la existencia del fenómeno desde hacía siglos y trataban de ocultar su existencia al mundo debido a una relación indefinida con alienígenas y sus oscuros motivos para crear esa maravilla. En cuanto lo pensé me dije «¿Conspiraciones?, ¿Sociedades secretas?, ¿Alienígenas? Esto no es original ni se sostiene por ningún lado». Es importante señalar que el Hexágono de Saturno se encuentra en su polo norte y, aunque es posible ver este polo un poco, apenas es suficiente como para ver con claridad el fenómeno, más aún si cabe sabiendo que por muy buenos que sean los telescopios que usemos, nunca podríamos obtener imágenes con el suficiente detalle para que fuera observado desde la tierra.

Seis años y muchas vicisitudes después, mi yo de 2015 fue capaz de sacar, no solo una historia, sino toda una saga, aunque por motivos obvios no voy a desvelar nada de la una ni la otra. Solo en la investigación y el desarrollo del mundo y los personajes ya superé ampliamente las 30.000 palabras, lo que me daba material de apoyo suficiente para afrontar con garantías la novela que estoy escribiendo ahora.

Una máxima de la escritura dice “escribe sin parar, que ya habrá tiempo de editar” y debo decir que también estoy completamente de acuerdo con esa idea. Yo lo llamo escribir por desgaste o la técnica Gaitlin: escribes tantísimo que, cuando has terminado, extraes las partes realmente buenas y eres capaz de contar lo que en un principio tenías en mente, pero no sabías exactamente como decirlo. Es como una ametralladora Gaitlin, no necesitas apuntar porque tienes una cantidad enorme de balas y al final, alguna acertará.

Pues, en resumen, hay que escribir y escribir mucho para que, con la práctica, aprendamos a escribir historias buenas y que lleguen a los lectores. Y oye, que no digo que quien quiera se ponga a estudiar o busque guías de escritores que amablemente ofrezcan sus consejos, sobre todo porque yo también lo hago.

Lo que quiero decir, si es que quiero decir algo, es que, si realmente algo te gusta y te quieres dedicar a eso, pues que lo hagas. O sea que, ¡deja ya de leer tonterías y ponte a escribir!