viernes, 16 de noviembre de 2018

Narrativa transmediática

No soy un experto en este tema. Lo quiero dejar claro desde un principio para evitar confusiones y malentendidos. El experto en este tema es mi colega Lynx (@lynxreviewer) y, aunque no es el tema principal que trata en sus canales de Youtube, sí que tiene vídeos de charlas que ha dado hablando de este tema. Además, es el tema de su PFG, así que sabe de lo que habla y le gusta. A mí… a mí me gusta hablar.

¿Y por qué he decidido hablar de este tema? ¿Y por qué uso palabrejas tan rebuscadas? La respuesta a la primera pregunta es: porque es muy interesante y está a la orden del día, aunque no la conozcáis como tal. La respuesta a la segunda es: porque las palabras molan y en nuestro idioma tenemos conceptos para definir prácticamente cualquier cosa. ¿Os suena prolepsis? ¿Y analepsis? Tenemos un idioma muy rico y variado, pero en nuestro devenir diario apenas usamos una cantidad ínfima de la tremenda panoplia de vocablos que se hallan a nuestra disposición. ¿Mi sugerencia? Llevamos con nosotros un dispositivo que nos da acceso a toda la información que se nos ocurra. La tecnología puede usarse para la belleza o el envilecimiento, así que os pido que la uséis para lo primero.

Pero vayamos por partes, como dijo el famoso Jack. ¿En qué consiste la narrativa transmediática? Pues básicamente es contar una historia a través de diferentes medios. Para ello hay una serie de requisitos que han de cumplirse obligatoriamente, ya que de lo contrario lo que tenemos es otra cosa. Puede ser un universo coherente donde se cuentan las historias de diversos protagonistas a través de distintos medios, como Star Wars,  pueden ser distintas versiones de los mismos personajes dependiendo del medio en el que aparezcan, como el universo cinematográfico de Marvel, sus distintas series de animación y sus comics o directamente aprovechar el tirón de una historia y empezar a sacar todo lo que se te ocurra para aprovechar ese tirón aunque la calidad no se acerque al original ni por accidente (de este no pongo ejemplo para no suscitar polémica).

Ahora que he dicho lo que no es, vamos a ver que es lo que sí es la narrativa transmediática.

El caso ideal de este tipo de narrativa debe tratar sobre una sola y gran historia, donde cada una de las partes narradas en distintos medios debe estar autocontenida, es decir que sea una historia completa por derecho propio y no se deje el final abierto. Eso lo dejamos para los finales de temporadas de algunas series ¿Eh, Battlestar Galactica?
No es imprescindible que las historias sigan un orden cronológico, pero deben contar partes de la historia principal y estar integradas dentro de ella.
Puede ser cualquier tipo de medio de comunicación ya sea escrito, audiovisual o interactivo como libros, blogs, redes sociales, webs, podcast, videos de Youtube, series, películas, animación, videojuegos, comics, juegos de rol…
Debe tener un núcleo central sobre el que se narre la historia principal. El público decidirá por sí mismo su grado de implicación en la historia consumiendo lo que les apetezca del resto de obras.
Las distintas obras que componen la historia completa no tienen que ser necesariamente creadas por los mismos autores.

Con esto en mente, el ejemplo más famoso y el que casi todo el mundo utiliza es el de Matrix. Esta comenzó siendo una trilogía de películas creadas por los hermanos (ahora hermanas) Wachowski fruto de su admiración por el manga y el anime de Ghost in the Shell. La trilogía original cuenta la historia de Neo y su lucha por conocer la verdad que hay detrás de Matrix y por conocerse a sí mismo. Cuando finalmente averigua la aterradora verdad —que la humanidad es esclava de una raza de máquinas que les mantiene engañados y a su servicio, y que él es “El elegido” para liberar a la humanidad y mostrarle la verdad sobre Matrix— éste acepta su papel, pero con ciertas dudas sobre si realmente lo es. Después de descubrir que sí es “El elegido”, se inicia un proceso en el que Matrix pretende destruir la única ciudad de humanos libres, Zion. Acontecimientos posteriores revelan que ya hubo elegidos antes que Neo y que estos sirven a los propósitos de control de Matrix, hecho contra el que se rebela. Finalmente lucha contra un elemento inestable de Matrix que amenaza con destruirlo todo y se sacrifica para acabar con él, no sin antes llegar a un acuerdo con Matrix para que liberen a todos los humanos que lo deseen y llegar a una coexistencia pacífica.

 Mientras se rodaba y editaba la trilogía original se prepararon varios cortos de animación de distintos estilos que fueron publicados en su conjunto bajo el nombre de “Animatrix” entre la primera y la segunda parte. Algunos cortos tenían relación directa con la historia pasada y presente de Matrix y otros tenían una relación más tangencial. También entre la primera y segunda parte de la trilogía se encuentra el videojuego “Enter the Matrix”. En éste conectamos al principio directamente con la historia de uno de los cortos de “Animatrix” y durante el resto del juego vamos avanzando en paralelo con la historia de la segunda película de la trilogía. También hemos tenido comics, un videojuego tipo MMORPG y otro videojuego llamado “Matrix, the path of Neo”, donde se exploran partes del pasado y del futuro de la historia de Matrix.

Cada historia tomada individualmente tiene su propio sentido y su particular narrativa, pero si las juntas todas crean un mosaico en el que podemos seguir el hilo conductor de una historia mucho mayor acerca de la esclavitud de las máquinas, su alzamiento, la guerra contra la humanidad, la esclavitud de la humanidad y, finalmente, la convivencia y coexistencia pacífica. Esto es lo genial de contar una historia a través de la narrativa transmediática.

En cuanto a mí, me encantaría tener la oportunidad de embarcarme en un proyecto tan ambicioso. Lo creáis o no, el universo que he creado en torno a la novela de El Hexágono de Saturno es tan vasto y variado que puede admitir perfectamente la carga de varios proyectos narrativos interconectados y expresados en distintos medios. Solo en historias que tienen relación directa con la trama del primer libro tengo ideas para dos secuelas, una intercuela y dos precuelas. Y si cuela, cuela.

viernes, 9 de noviembre de 2018

El mundo de las ideas

En la mitología griega existían siete criaturas inmortales, siete musas, que otorgaban inspiración a los mortales para que crearan el más bello arte. Se decía que, si un artista seducía a una de las hermanas, ella te otorgaría temporalmente una fuerza creativa inmensa. A pesar de que sea una idea muy romántica, el hecho de ligarme a Calíope, Euterpe o Melpómene para saber escribir, cantar o recitar me parece una idea horrible que le quita todo el mérito al ser humano. Yo puedo acceder al mundo de las ideas cuando quiera.

Tener ideas o inspiración no es demasiado difícil. Yo tengo una teoría según la cual, por muy simple o sencilla que te parezca una persona o una situación, siempre hay una historia interesante detrás y solo tienes que adentrarte lo suficiente. Lo llamo “La teoría de las historias fractales”.

¿Cuántas veces habéis subestimado una persona y más adelante esa persona os ha sorprendido de una forma que no os esperabais? ¿O una situación común ha pasado a ser extraordinaria en segundos? En el cine pasa mucho, aunque casi siempre se les ve venir desde lejos. En el rol pasa también muy a menudo, pero allí la causa habitual es que el jugador se cansa de interpretar a su personaje y empieza a actuar como sí mismo.

Pero entonces, ¿cuál es el secreto para desentrañar una buena historia?

Como ya he contado anteriormente, en mi caso fue el descubrimiento del Hexágono de Saturno por la sonda Cassini. Cuando conocí la noticia mi mente estalló debido a lo asombroso que me parecía que un planeta gigante, compuesto de gas en su mayor parte, tuviera una tormenta con forma de hexágono regular. Cuando piensas en una tormenta, lo primero a lo que se la asocia es al caos. Es cierto que existen ciertos fenómenos meteorológicos que siguen patrones circulares definidos, pero ni son regulares, ni duran en el tiempo más allá minutos, horas o días. Aquí estamos hablando de un fenómeno que ha durado décadas como mínimo, ya que hay ciertas imágenes de las sondas Voyager en las que se adivina el hexágono de forma parcial y borrosa, y que probablemente lleve existiendo miles de años.

Un fenómeno a así es el candidato perfecto para comenzar a perfilar la historia, pero es solo la llave que te permite acceder al laberinto. En mi caso, cada paso que daba desembocaba en una habitación con una o más puertas colocadas de forma evidente y otras ocultas a la vista. Fue todo un reto averiguar cual era el camino correcto más allá del evidente que todo el mundo usaba.

Las ideas van y vienen y el escritor debe estar preparado para cuando vienen las buenas para aprovecharlas, pero no usarlas de forma burda y poco original. En mi caso y en ese punto del desarrollo de la historia fue Tesla. Os garantizo que cuando se me ocurrió añadir a Tesla a la mezcla no estaba tan de moda, pero fue ocurrírseme y aparecer en libros, películas, videojuegos, documentales y hasta en la sopa. La verdad es que estuve a punto de abandonar la idea, pero en ese momento la ucronía llegó a mi vida y el mundo estalló en un mar de posibilidades.

En vez de usar a Tesla como protagonista o personaje importante, al menos, me hice una pregunta: ¿Si Tesla fue un genio tan grande, porqué murió pobre y sin el merecido reconocimiento? La respuesta que deduje al estudiar su personalidad y el mundo en el que vivió fue que era un incomprendido. Si bien era un genio que no necesitaba diseñar en papel sus inventos, era completamente inepto en cuanto a relaciones sociales y transmitir esa importancia a compradores e inversores. El siguiente paso era lógico: introducir una figura que comprendiera la importancia de sus inventos y fuera capaz de vender y convencer a cualquiera.

Aquí había algo, sin duda. Sin embargo, no podía ser cualquiera ya que precisamente esa ineptitud social era el mayor obstáculo. Después de mucho meditarlo, encontré mi “punto Jonbar” en torno a la mejor figura que se me ocurrió para tal finalidad: un hermano gemelo. Este gemelo, a pesar de compartir la misma carga genética, sería el opuesto complementario de Nikola Tesla. Si uno es un genio científico sin talento para las relaciones sociales, el otro era un genio emocional sin talento para el mundo científico por lo que ambos se complementan muy bien. El último toque consistió en aprovechar ese vínculo que los hermanos gemelos parecen compartir, no solo para hacer que ambos estén unidos toda la vida sino también justificándolo de forma física con el fenómeno del entrelazamiento cuántico, propiedad que sería investigada y aprovechada por Nikola Tesla para dar un salto gigante en la revolución tecnológica que ambos hermanos llevaron a cabo en esta realidad alternativa.

Y todo esto que he descrito lo he hecho en pasado porque en el momento de empezar la novela, los gemelos llevan muertos diecisiete años. En vez de usar una idea como tantos otros, le he dado una vuelta de tuerca, he cogido otra tuerca para hacer más fuerza y he terminado por crear un mundo distópico de estética Teslapunk, donde la energía es tan abundante que nadie tiene que pasar hambre o no tener trabajo. Un mundo donde las máquinas son enormes al no tener necesidad de miniaturizarlas para reducir su peso. Un mundo con tecnologías avanzadas que nosotros solo podemos soñar. El mundo del mañana en el año 1960.

El mundo de las ideas es caótico y caleidoscópico. No hay que tener miedo a la hora de innovar y dejarte llevar. Hay temas universales que funcionan y, de hecho, prácticamente todas las historias se pueden enmarcar en un par de docenas de estos temas universales, pero eso no quiere decir que no se puedan contar bajo un nuevo enfoque original. Tanto si vais a seguir el camino conocido como si vais a explorar nuevas vías para contar historias, por favor sed honestos con vuestro público y con vosotros mismos. En cuanto a mí, seguiré por el que dicen  que es el camino más difícil, el camino intermedio.

viernes, 2 de noviembre de 2018

El cine y la escritura

Todos tenemos influencias. Libros, cómics, música, cine, videojuegos, teatro, pintura, escultura… la lista puede ser tan larga como cada uno quiera. Todas las artes tienen algo en común: transmitir un mensaje a través de una narrativa. Algunas están más abiertas a la interpretación que otras, como la pintura abstracta, y otras pueden ser muy directas y simplistas, como el cine. La simplicidad o complejidad de una obra suele venir dada por la intención del autor, aunque se dan también casos en los que los espectadores aprecian significados alternativos y más profundos a obras realizadas sin esa intención inicial.

Lo que me gusta de la escritura es que tiene una narrativa tan interpretativa como un cuadro abstracto o el arte conceptual, pero lo puedes camuflar como una obra sencilla y con un mensaje claro y directo, haciendo que lo pueda disfrutar tanto un lector casual, que no suele pasar del mensaje superficial y apenas se lo lee una vez y no reflexiona sobre lo que ha leído, tanto como un lector veterano que sea capaz de ver más allá de las apariencias y llegue a disfrutar desgranando cada capa y siendo consciente del simbolismo oculto de la obra.

Sin embargo, a pesar de que el cine tenga una narrativa tan limitada y condensada, por eso no quiere decir que no pueda ser profundo y tener varios niveles narrativos. Lo que la escritura debe describir, el famoso “muestra, no cuentes”, el cine lo puede mostrar incluso sin palabras. Un montaje acertado hace que las imágenes que se muestran nos transmitan el mensaje. La frase “una imagen vale más que mil palabras” es completamente válida y certera, aunque también es fundamental que los creadores de esas imágenes, al rodarlas, montarlas y editarlas, se manejen con una habilidad tal que esas imágenes resuenen con el tema que se está tratando.

Por poner un ejemplo, imaginad un camino de tierra solitario, con campos de cultivos a cada lado. Un enorme turismo negro avanza por el camino. Cuando lo vemos notamos que es un modelo antiguo, de los años treinta o cuarenta. Levanta una gran cantidad de polvo debido a que la tierra del camino está seca. Pasamos al interior de la casa, donde una mujer está fregando los platos mientras desde la ventana que hay frente al fregadero se aprecia como el coche negro avanza por el camino de tierra. De la ventana cuelga un pequeño pendón rojo y blanco, con cuatro estrellas azules. Los colores de la bandera de Estados Unidos. La mujer, de algo más de cuarenta años, continua su tarea con esmero hasta que repara en que el coche se dirige hacia su granja, hacia su casa. El coche continúa avanzando a trompicones por el camino de tierra, ya muy cerca de la casa. La mujer baja un poco el visillo de la ventana para seguir con la mirada al coche y vuelve a dejarlo para encaminarse a la puerta y abrirla antes de que el coche llegue. Abre la contrapuerta visiblemente alterada y se para en el porche de la casa. El coche gira mientras se para y podemos ver una gran estrella blanca en la puerta del pasajero. De la puerta del pasajero se baja un hombre con uniforme de gala verde y de la parte trasera se baja un sacerdote. Al ver a estas personas, la mujer trastabilla unos pasos y termina por sentarse en el suelo al fallarle las piernas. El sacerdote y el militar se acercan y se agachan ante ella, tomándola el sacerdote de la mano.

Esta escena de Salvar al soldado Ryan no necesita diálogos ni a un narrador que nos diga lo que está pasando, sino que cuenta su historia a través de imágenes y la interpretación de sus actores… y no dura nada más que un minuto y cuarenta y siete segundos. Es precisamente eso lo que quiero aprovechar del cine en mi estilo de escritura. No es que diga que quiero ser cinematográfico, sino que cuando toque mostrar, las escenas que muestre tengan una narrativa con tanto impacto como ésta. Quiero que cuando leáis una de mis historias las imágenes acudan a vuestra mente.

Es evidente que, aparte de esta narrativa cinematográfica, el cine ha influido mucho en mí y en todas las generaciones que hemos vivido desde los últimos cien años. Sin embargo, lo último que quiero es abusar de ello y que se me peguen sus peores defectos. No quiero convertirme en el David Cage de la escritura o en el Kojima de las letras.

Sin embargo, la máxima es “muestra y no cuentes”, así que el truco está en cómo hacer para mostrar y no contar, pero a la vez sin que se nos vaya de las manos y quede algo muy recargado, lento y poco accesible. Yo lo cambiaría por “Cuenta cuando quieras que la trama avance y muestra cuando quieras profundizar”. Contar no es siempre malo y mostrar no es siempre bueno.

Al contar, en la mayoría de los casos, un narrador omnisciente y extradiegético detalla los sucesos importantes, las reacciones de los personajes y sus pensamientos superficiales. Esto hace que la historia avance con agilidad, ya que su objetivo es contar la historia principal, no pararse a comprobar los motivos personales de cada personaje ni las circunstancias que rodean cada detalle de la historia. Digamos que, al contar, vamos al grano.

Sin embargo, como en las relaciones amorosas, no todo consiste en ir al grano, porque si se abusa de ello, se corre el riesgo de ir demasiado deprisa y tratar de alcanzar el clímax cuando el lector no está aún preparado. Mostrando ciertas partes de la historia y de los personajes provocas un desarrollo más profundo y posibilitas que el lector empatice con los personajes, lo que a su vez crea una mayor tensión dramática cuando todo esté a punto de estallar, metafóricamente hablando. Si no has conectado con un personaje te va a dar igual lo que le pase.

En resumidas cuentas, el cine tiene un lenguaje propio y la literatura otro. Existen ciertos puntos en común que tanto uno como otro pueden aprovechar del contrario, pero es un error tratar de imitar al milímetro la narrativa de uno en el otro y un fracaso seguro el hacerlo. No entender esto es la razón principal de que muchos lectores empedernidos salgan del cine diciendo “Pues me gustó más el libro”.

viernes, 26 de octubre de 2018

¿Escribir o no escribir?

Esta mañana no me apetecía nada escribir. Decidí abrir este blog no solo por la oportunidad de escribir con regularidad o contactar con lectores que les guste mi estilo y lo que escribo, también me decidí para aprovechar el tiempo. Llevo ya unos meses viviendo a una hora y media de mi trabajo, lo que supone, entre otras cosas, una hora de tren de ida y otra de vuelta. Son esas dos horas diarias las que, hasta ahora, pasaba viendo series y películas en el móvil o leyendo libros, y ahora aprovecho para escribir estos artículos. Pues esta mañana, no tenía ganas ningunas de escribir. Pero lo bueno es que me ha dado un tema sobre lo de escribir, así que… todo bien, ¿no?

Si le preguntas a cualquier escritor, profesional o amateur, cuál es el secreto para aprender a escribir, la gran mayoría te responderá que escribir mucho. Parece una tautología sin sentido, pero aquí hay encerrada una verdad mayor de la que pudiera apreciarse en un primer momento. Desde siempre he comprobado que por muy buenas que fueran las explicaciones que me dieran, hasta que no hacia algo por mí mismo no aprendía realmente a hacerlo. Y además surgían nuevas dudas sobre cosas que nadie me había explicado, lo que enredaba aún más las primeras explicaciones, pero me estoy desviando del tema.

Por muy buena voz que tengas, si no cantas todos los días no vas a pasar de alguien al que se le dan bien los karaokes. Por muy inteligente que seas, si no estudias y desarrollas esa inteligencia, nunca pasarás de ser el que gana siempre al trivial. Por muy bien que se te de contar historias, si no escribes todos los días no pasarás de ser el que mejor cuenta anécdotas o chistes entre los amigos. Es la practica diaria exhaustiva y analítica la que te hace mejorar y expandir los límites de tu talento lo máximo posible.

Decía Edison (o al menos se le atribuye a él, como unas cuantas cosas de la que empiezan a haber serias dudas) que “el genio es un uno porciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración”, y estoy completamente de acuerdo con la frase. La memoria muscular solo se llega a desarrollar después de interminables horas de ejercicio y entrenamiento y escribir, al fin y al cabo, es una actividad muscular más. Se necesita un poco de talento (no hace falta que sea mucho si se cumplen el resto de los requisitos), mucha disciplina y constancia y, además, una tremenda cantidad de horas dándole a la tecla incansablemente.

En mi experiencia personal, siempre he sido creativo y he tenido ganas de contar historias, pero hasta hace poco tenía una válvula de escape en el rol. Jugar y, sobre todo, narrar partidas de rol ha sido mi forma de contar historias. Si no lo hubiera hecho es probable que hubiera empezado a escribir mucho antes, lo que puede verse como algo negativo, pero tantos años de rol han hecho posible que desarrolle mi propio estilo narrativo, lo que es algo positivo sin duda. Y de camino he vivido algunos de los mejores momentos de mi vida. La mayoría de esos momentos han sido hilarantes, pero también los ha habido intensos, apasionados, eufóricos, patéticos y majestuosos. Toda una panoplia de experiencias.

Hace ya mucho tiempo que me vino a la cabeza la historia del Hexágono de Saturno, pero no fue hasta que tuve tiempo libre (estando en el paro) y ninguna opción de jugar al rol (por haberme mudado a Barcelona) cuando me centré en desatascar la historia. Y funcionó.

Mi yo de 2009 no fue capaz de encontrar una buena historia con el Hexágono como eje central. Mis primeras ideas, influidas por El código Da Vinci, giraban en torno a una sociedad secreta que conocía la existencia del fenómeno desde hacía siglos y trataban de ocultar su existencia al mundo debido a una relación indefinida con alienígenas y sus oscuros motivos para crear esa maravilla. En cuanto lo pensé me dije «¿Conspiraciones?, ¿Sociedades secretas?, ¿Alienígenas? Esto no es original ni se sostiene por ningún lado». Es importante señalar que el Hexágono de Saturno se encuentra en su polo norte y, aunque es posible ver este polo un poco, apenas es suficiente como para ver con claridad el fenómeno, más aún si cabe sabiendo que por muy buenos que sean los telescopios que usemos, nunca podríamos obtener imágenes con el suficiente detalle para que fuera observado desde la tierra.

Seis años y muchas vicisitudes después, mi yo de 2015 fue capaz de sacar, no solo una historia, sino toda una saga, aunque por motivos obvios no voy a desvelar nada de la una ni la otra. Solo en la investigación y el desarrollo del mundo y los personajes ya superé ampliamente las 30.000 palabras, lo que me daba material de apoyo suficiente para afrontar con garantías la novela que estoy escribiendo ahora.

Una máxima de la escritura dice “escribe sin parar, que ya habrá tiempo de editar” y debo decir que también estoy completamente de acuerdo con esa idea. Yo lo llamo escribir por desgaste o la técnica Gaitlin: escribes tantísimo que, cuando has terminado, extraes las partes realmente buenas y eres capaz de contar lo que en un principio tenías en mente, pero no sabías exactamente como decirlo. Es como una ametralladora Gaitlin, no necesitas apuntar porque tienes una cantidad enorme de balas y al final, alguna acertará.

Pues, en resumen, hay que escribir y escribir mucho para que, con la práctica, aprendamos a escribir historias buenas y que lleguen a los lectores. Y oye, que no digo que quien quiera se ponga a estudiar o busque guías de escritores que amablemente ofrezcan sus consejos, sobre todo porque yo también lo hago.

Lo que quiero decir, si es que quiero decir algo, es que, si realmente algo te gusta y te quieres dedicar a eso, pues que lo hagas. O sea que, ¡deja ya de leer tonterías y ponte a escribir!

viernes, 19 de octubre de 2018

¿Por qué me gusta la ciencia-ficción?

Una de las cosas que más me gusta hacer desde siempre ha sido reflexionar sobre mí mismo. Volver la mirada hacia el interior me parece uno de los mejores ejercicios de auto descubrimiento y, si se hace de forma sincera, un modo de aprender a ser humilde. Esto lo vengo haciendo desde hace mucho, pero ponerlo por escrito en un artículo es nuevo y me da la oportunidad de compartirlo con quien quiera leerlo.

¿Por qué me gusta la ciencia-ficción? Es curioso plantearse según qué cosas. Sé que mi afición por la lectura me viene de mi abuelo materno, que por otro lado fue el único al que conocí (aunque debo mi existencia al fallecimiento de mi abuela materna, pero esa es una historia no viene al caso). Desde pequeño recuerdo a mi abuelo leyendo por las tardes en su butacón. Leía sobre todo acerca de la Historia y aún conservo algunas de las revistas de Historia 16 que leía.

Es difícil asegurar cuales fueron mis comienzos lectores, pero estoy bastante seguro de que una buena parte fueron cómics y tebeos. Y sí, distingo entre cómics y tebeos. Para mí sería muy difícil pensar en los Superhumor como “Cómics” y en toda la producción de Marvel y DC como “Tebeos”. Pensad que alguien se refiriera al Manga con cualquiera de ambos términos. Sería… raro. Del ámbito patrio leí de todo: El capitán trueno, El cachorro, El TBO, Zipi y Zape, El botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio y, por supuesto, Mortadelo y Filemón. En cuanto al cómic americano, empecé con Spiderman y luego descubrí la Crisis en Tierras Infinitas y de ahí seguí con el Superman de Byrne.

Una vez más, fue mi abuelo el que amplió mis horizontes trayéndome montones de libros de diversos temas, aunque fue un libro en concreto el que me enganchó a la lectura… llamémosla “seria”. Ese libro era “El universo”, de Isaac Asimov. Desde entonces me gustó la ciencia en general, la astronomía en particular y he sido un fan acérrimo de Asimov. Es cierto que ya antes había leído varias novelas de Julio Verne y me asombraba la exactitud con la que había predicho el funcionamiento del submarino en “20.000 leguas de viaje Submarino” o el lanzamiento de una nave espacial tripulada en “De la Tierra a la Luna”, pero fueron los escritos de Asimov los que hicieron ¡Click! en mi cabeza y me llevaron al siguiente nivel.

Cuanto más sabía de astronomía, más me gustaba imaginar qué habría más allá de nuestro sistema solar y de cómo sería viajar a esos lugares. Al principio tiraba de mi faceta de lector de cómics y me imaginaba viajando por el universo usando superpoderes. Historias simples para una mente en desarrollo: vuelo superlumínico, teletransporte instantáneo y sin error e incluso dimensiones paralelas.

Con el paso de los años seguí leyendo divulgación científica y astronomía con cuentagotas, pero fue en mi época universitaria cuando las cosas se aceleraron. Muy cerca de donde vivía había una biblioteca pública y empecé a leer como un loco. Leía de todo y a todas horas. Alta fantasía al principio, todos los libros de divulgación científica de Asimov que tenían y cuando me los acabé, empecé con sus libros de ciencia-ficción. Fue una época que recuerdo con mucho cariño.

No me malinterpretéis, no fui un ratón de biblioteca que lo deja todo por los libros, vida social incluida. Tenía a mi grupo de amigos y, como es normal, teníamos aficiones comunes. Sobre todo, jugar al rol y salir de fiesta de vez en cuando. El añadido de los juegos de rol a la mezcla fue… interesante. Hizo que descubriera el gusto por crear e interpretar personajes que poco o nada tenían que ver conmigo y, más tarde, crear y narrar mis propias historias. Si lo piensas bien, no empecé a escribir historias porque ya las tenía en el rol y esto se puede interpretar como un retraso de quince años en lo que hubiera sido mi comienzo como escritor. Yo prefiero verlo como un tiempo de maduración y crecimiento como creador, ya que definí y pulí mi estilo narrativo, intentando ser claro y natural (como Asimov) y dando un gran peso en la narración a la construcción y el desarrollo de personajes bien definidos (como en el rol).

Hay más influencias que no he mencionado aún, como el cine, el anime y los videojuegos, que han contribuido a potenciar mi afición por la tecnología y la ciencia-ficción, pero cada uno de ellos se merece un artículo propio, así que lo dejaremos para otra ocasión.

Me acabo de dar cuenta de que aún no he contestado a la pregunta. Me he dedicado a rememorar y a dar la chapa durante todo el tiempo sin llegar a contestar por qué me gusta la ciencia-ficción. Pues ahí va: me gusta la buena ciencia-ficción porque puede llegar a ser posible y advierte de los peligros potenciales que nos acechan en el futuro.

La ciencia-ficción optimista es un canto al esfuerzo y la creatividad del ser humano. Es a lo que deberíamos aspirar y a lo que podemos llegar si afrontamos los retos con espíritu constructivo y sin rendirnos ante los retos que se nos plantean. Podemos tardar poco o podemos tardar mucho, pero si tiene una base científica, podemos lograr hacer realidad esos sueños.

La ciencia-ficción en su vertiente distópica también es un explorador que recorre y reconoce los caminos que la Humanidad podría tomar, advirtiendo de los riesgos y peligros que conllevaría seguir por esos derroteros, lo que la convierte en una brújula que evita que nos desviemos del camino que nos lleva a un futuro mejor. Aunque hay veces que nadie acierta por dónde van a ir los tiros, como ya conté en este artículo.

Me gusta la ciencia-ficción porque me gustaría que las buenas historias, las que hablan de progreso y felicidad para toda la Humanidad, se cumplieran. Soy optimista por naturaleza y no puedo evitar pensar que seremos capaces de hacer que el futuro sea algo mejor de lo que nos encontramos en nuestro presente. ¿Y por qué no decirlo? Al niño que aún llevo dentro de mí le molaría muchísimo poder volar.

viernes, 12 de octubre de 2018

UCRONÍA Y DISTOPÍA

Si habéis llegado hasta aquí, doy por supuesto que ya sabéis un poco de temas literarios, así que al ver el título de este artículo no habréis entrado pensado que es algo que se come, una postura sexual o ambas cosas a la vez (¡¿En serio?!). Seguramente quienes estéis leyendo esto ya os suene el término distopía e incluso puede que sea uno de vuestros géneros de novela favoritos. Pues bien, ucronía y distopía son géneros con muchas similitudes, aunque las diferencias no son pequeñas.

La distopía la podemos definir como una anti-utopía. El mundo o la sociedad (o ambos) donde se desarrolla la historia posee unas características que son aceptadas (y muy a menudo padecidas) por sus habitantes y que en gran medida difieren de la sociedad actual en la que vivimos en aspectos clave. Con frecuencia son sociedades que han evolucionado a partir de un desastre global, una catástrofe biológica o medioambiental, una invasión alienígena o un conflicto armado, aunque mis favoritas son las que imaginan un avance tecnológico revolucionario que modifica por completo nuestra forma de relacionarnos entre nosotros y con el mundo que nos rodea, lo que a su vez provoca evoluciones y cambios sociales completamente inesperados.

La primera diferencia entre ambas es la necesidad. Una distopía no necesita nada para ser construida. Es cierto que puedes basarte en el mundo real y en cualquier época, pero también puedes crear una historia de la nada y que no guarde relación alguna con nada que conozcamos. Una ucronía depende totalmente de que exista una línea temporal previa y una serie de acontecimientos históricos conocidos y reconocibles, porque la modificación de uno de esos acontecimientos clave es el germen de todo lo que vendrá a continuación. Como el efecto mariposa, un detalle que a priori puede parecer menor comenzará a resonar y a ampliar sus efectos, modificando los acontecimientos históricos hasta un punto en el que el desarrollo de los acontecimientos históricos no se parezca en absoluto a los de la historia original. El mayor atractivo de las ucronías suele ser el hecho de ver a personajes icónicos y muy definidos cambiar por completo de personalidad, objetivos e incluso de moralidad.

Y no tiene que ser Historia real. Existen ucronías en prácticamente cualquier arte que posea una narrativa. No voy a ponerme a dar ejemplos rebuscados cuando tenemos dos expresiones artísticas que usan, y a veces abusan, de la ucronía. Y no, la literatura no es uno de estos ejemplos. Prefiero dar ejemplos más gráficos y con más posibilidades de ser conocidos por el gran público.

El cine y los cómics. Es de conocimiento general saber que las grandes editoriales (y las pequeñas también, pero no voy a incluirlas aquí porque esto no va de cómics, es solo un ejemplo) Marvel y DC han construido en torno a los protagonistas de sus historias una línea temporal histórica oficial, llamémosle Canon, que es común a todos ellos. Puede diferir a la nuestra en muchos detalles, pero para los personajes de estos comics son hechos tan reales e Históricos como los nuestros. Pues bien, es una práctica muy extendida y un recurso que se lleva utilizando desde hace décadas el proponer “¿Qué pasaría si…?” para modificar cualquier aspecto de la Historia Canónica y explorar lo que ocurriría a partir de ahí. Uno de mis ejemplos favoritos en los cómics es “Superman: Rojo” que se plantea lo que hubiera pasado si el cohete del pequeño Kal-El hubiera aterrizado en la Rusia comunista de los años 30.

En cuanto al cine, es más complicado de realizar y normalmente te explican al principio de la película lo que pasó hace años y que esto ha afectado a la sociedad pasando, por lo general, a una escena “In meda res”. Para hacerlo bien en el cine suele necesitarse más de una película, aunque hay un género que juega muy bien con este concepto: los viajes en el tiempo. Curiosamente, el ejemplo que tengo en mente cumple varias características que he mencionado: la trilogía de Regreso al futuro.

La primera película es una historia autoconclusiva, siempre que ignoremos la escena final. Al comienzo planta las bases de una historia pasada que da origen a la vida mediocre de su protagonista, Marty McFly, de forma magistral. Más tarde, por medios y motivos que no son relevantes, Marty viaja al pasado donde accidentalmente cambia esos acontecimientos descritos al comienzo. El resto de la película se centra en revertir esos cambios, ya que de otra manera Marty caerá en una paradoja temporal que lo borrará de la existencia. Por el camino, se muestran aspectos de la personalidad de sus padres que nunca habían mostrado ante él, lo que hace que Marty llegue a apreciar mucho más a sus padres y permitiendo a la historia darles una mayor profundidad y desarrollo a estos personajes. La segunda y la tercera parte de la trilogía expanden este concepto original, lo retuercen e incluso se permiten jugar con la meta-historia de formas muy ingeniosas. El conjunto, a mi parecer, es una historia magistral pero la base, la que habla acerca de un gran cambio en la vida de los personajes originado por uno pequeño pero crucial en su pasado, ya estaba definida y desarrollada en la primera parte.

¿Qué ventajas tiene la Ucronía a la hora de escribir una historia? Tienes una base muy detallada sobre la que basar tu propio mundo y los detalles que no sean relevantes se pueden dar por supuestos. Puedes cambiar algo que en un principio puede parecer superfluo y a partir de ahí, construir toda una historia alternativa que dé como consecuencia un mundo completamente distinto, parecido en algún aspecto o incluso que no parezca que haya cambiado superficialmente pero que difiera del nuestro en un aspecto muy sutil para darte cuenta al principio pero que con el avance de la historia te des cuenta de que es algo fundamental para la humanidad. Yo creo haber encontrado una forma de integrar estas tres formas de cambio en la novela que estoy escribiendo, pero ya averiguaremos si lo he logrado una vez consiga terminarla y publicarla… espero.

¿Qué desventajas tiene? Debes conocer los acontecimientos Históricos originales de forma exhaustiva para poder plantear un cambio realista y cuales serían sus ramificaciones. Se puede recurrir a la retrocompatibilidad si tú mismo o, más probablemente, alguien con más conocimientos descubre que algo que diste por supuesto no ocurrió como suponías, pero siempre queda mal casi nunca resuelve los posibles agujeros en la trama. Es por esto por lo que es fundamental conocer bien los detalles de la historia original y cual es la alternativa que propone la ucronía.

En cuanto a mí, si tengo que elegir, me gusta mucho más la ucronía que la distopía, pero lo que realmente me gusta, más que cualquiera de las dos, es una Fruitopía bien fresquita en una calurosa tarde de verano junto a la piscina.

viernes, 5 de octubre de 2018

La realidad siempre supera a la ficción

En 1997 despegó de la tierra una de las misiones más exitosas de la NASA, la sonda Cassini-Huygens. El objetivo de la sonda Cassini era estudiar el planeta Saturno y sus satélites. El objetivo de la sonda Huygens era aterrizar sobre Titán, el mayor satélite de Saturno. Ambas cumplieron y rebasaron todas las expectativas depositadas en ellas.

A finales de 2006, la sonda Cassini verificó las observaciones realizadas por las sondas Voyager en Saturno tres décadas antes, comprobando que sobre el polo norte del planeta giraba una enorme tormenta en forma de hexágono regular. Cada uno de sus lados medía en torno a trece mil ochocientos kilómetros de longitud y se sospechaba que llevaba ahí, girando pacíficamente, desde hacía mucho tiempo. Para hacernos una idea de su tamaño podemos compararlo con la Tierra. El radio medio de nuestro planeta es de seis mil trescientos setenta y un kilómetros, lo que hace que cada lado del hexágono mida algo más de mil kilómetros que el diámetro de nuestro planeta. Si calculamos las superficies del hexágono y de la circunferencia que se forma en el plano ecuatorial de la Tierra (ecuaciones muy sencillas pero que no reproduciré aquí), dentro del hexágono cabrían casi cuatro planetas del tamaño de la Tierra.

Yo me enteré dos años más tarde, porque así de rápidas vuelan las noticias relacionadas con la ciencia y la astronomía, y de inmediato me asaltó una epifanía: «¡De aquí se puede sacar una historia de ciencia-ficción cojonuda!», me dije a mí mismo, pero lamentablemente en ese momento no fui capaz de ir más allá. Y mira que lo intenté, pero no era capaz de vislumbrar más que ideas trilladas, muy poco originales, contadas un millar de veces y que no me convencían en absoluto. La dejé en reposo, a la espera de que mi yo futuro fuera capaz de encontrar la forma de hacerle justicia a esa idea.

Seis años, dos ciudades y un puñado de mudanzas después, encontré la historia que sabía que ese proverbial mármol encerraba dentro y llevo cuatro años escribiendo de forma discontinua. He tenido épocas de frenesí creativo, donde era necesario apuntar todas las ideas que me iban surgiendo, épocas de mucho pensar para que todas las ideas y detalles encajaran, épocas de escribir, escribir y escribir (siempre se puede cortar si sobra, pero si falta no puedes hacer nada) y, sobre todo, épocas de no escribir ni una palabra.

Podría parecer algo negativo, y de hecho una parte lo fue, pero la última época de sequía escritora me la he tomado con más filosofía por dos motivos: he ganado un buen montón de pasta con un trabajo muy estresante que me ha permitido viajar al extranjero (el motivo menos importante) y ya tengo claro todos los puntos de la historia. Y debo decir que una vez que en mi mente (y en mi bloc de notas y en mi procesador de texto y en mi hoja de cálculo) todo estaba contemplado, previsto e imaginado, interiormente sentí un alivio tremendo. La historia ya existía. En mi mente, eso sí, pero existía.

Ya sé de dónde viene el mundo en el que mis personajes viven y respiran, ya sé cómo son todos ellos, como actúan y piensan, como sienten y qué les motiva… y, sobre todo, se lo que les va a pasar y como va a terminar esta historia. Antes he dicho que es un alivio, pero no. Es un gustazo. Todos hemos sentido en un momento u otro de nuestras vidas esa incertidumbre a la hora del clímax, esa angustia ante el desconocimiento sobre lo que va a pasar, como van a salir de esta los protagonistas. Yo sentí esa angustia durante meses hasta que encontré una forma verosímil de resolver la situación.

Y mi tiempo me ha llevado averiguar (sí, averiguar más que imaginar) el destino de los personajes y de mi historia. Antes he necesitado saber cómo sería su mundo, para luego saber cómo son ellos. Mi experiencia a la hora de crear historias ha hecho que le de mucha más importancia a los personajes. Son ellos los que van a experimentar las cosas que les suceden, por lo que es mucho más fácil saber cómo va a reaccionar alguien cuando lo conoces de verdad. Es por eso por lo que todos los personajes que tienen un papel relevante en mis historias deben tener la suya propia. Conociendo las historias de sus vidas, como han nacido, crecido, vivido y qué sucesos han marcado sus vidas, puedo saber cómo van a reaccionar ante cualquier suceso que les plantee. Esta forma de trabajar alcanza su mayor exponente a la hora de escribir los diálogos de los personajes, porque tú puedes saber que este se lleva mal con aquel por esto o que estas dos sean amantes, pero a la hora de hablar e interactuar entre ellos llega un momento en el que son ellos los que toman el control de la conversación y tú no eres más que un escriba, levantando acta y transcribiendo lo que ellos viven y sienten. Disfruto como un enano cada vez que pasa y procuro dejarme llevar siempre que sucede. La clave es sencilla: conoce bien a tus personajes.

No conozco ninguna técnica que se parezca a esto ni a ningún escritor que la use, así que mientras que nadie me demuestre mi error o falta de conocimientos literarios, voy a bautizar a esta técnica como “El narrador y sus jugadores”, ya que cuanto más lo pienso, más se parece a jugar a una partida de rol improvisada, pero tú solo interpretando a todos y cada uno de ellos en la historia.

Os diré que me encanta la ciencia en general y la astronomía en particular, además de la ciencia-ficción y la fantasía. Escribo desde hace mucho y leo (casi) desde la cuna, pero la idea de que existiera una supertormenta con forma de hexágono, no ya en Saturno sino en cualquier planeta, no se me habría ocurrido jamás de los jamases. Es algo tan exótico que nunca te lo llegarías a plantear.

Quien ya sepa de escribir ya habrá deducido que soy un escritor de mapa. Pues os voy a contar un secreto: se equivocan. Más que de estos instrumentos tan arcaicos y anticuados, yo me considero un escritor de GPS y Google Maps, que para eso escribo ciencia-ficción. Hace cincuenta años nadie imaginaba que llegaríamos a disponer de herramientas que nos geolocalizarían en tiempo real y nos ayudasen a saber como ir de un punto a otro de cualquier ruta por diversos medios de transporte y dentro de cincuenta años no me atrevería a decir como nos moveremos ni hacia dónde, porque como ya he dicho, la realidad siempre supera a la ficción.